domingo, 22 de abril de 2018

La felicidad más grande de Deepak Chopra



La finalidad de la vida es la expansión de la felicidad. La felicidad es la meta de todas las demás metas. La mayoría cree que la felicidad es resultado del éxito, la acumulación de riquezas, la salud o las buenas relaciones interpersonales, y la presión social hace creer a muchos que estos logros equivalen a la felicidad. Sin embargo, no es así. El éxito, la riqueza, la buena salud y las relaciones enriquecedoras son consecuencias de la felicidad, no su causa.

Cuando nos sentimos felices aumentan nuestras posibilidades de hacer elecciones que nos acerquen a estas cosas, pero no funciona al revés. Todos conocemos personas que se sienten profundamente infelices aun después de acumular increíbles riquezas y alcanzar el éxito. La buena salud también puede ser objeto de negligencia o abuso, y hasta la familia más feliz puede perder su dicha al enfrentar una crisis inesperada. Las personas infelices no son exitosas, y no hay logro ni dinero alguno que pueda modificar esta ecuación.

Por esto debemos dejar de pensar en las señales externas y concentrarnos en la felicidad interior, tan buscada y tan difícil de encontrar. En los últimos años, psicólogos y estudiosos del cerebro han emprendido la primera investigación seria acerca de la felicidad. Antiguamente, la psicología se concentraba casi exclusivamente en tratar la infelicidad, de la misma forma en que la medicina interna trata la enfermedad. Pero, así como en años recientes ha aumentado de manera notable la atención al bienestar y la prevención, también lo ha hecho el interés en lograr la felicidad.

Curiosamente, uno de los temas más controvertidos en el nuevo campo de la psicología positiva es si los seres humanos estamos hechos para ser felices. Quizá todos vamos en busca de una ilusión, de una fantasía alimentada por momentos de felicidad esporádicos y siempre efímeros. O quizá haya personas predispuestas genéticamente para ser felices, seres afortunados que están más allá de lo que la mayoría experimentamos: un sentimiento de satisfacción moderada, en el mejor de los casos. Algunos expertos afirman que la felicidad es aleatoria, una sorpresa emocional que aparece y desaparece en un instante, como una fiesta sorpresa de cumpleaños, y que no deja huella permanente una vez que acaba.

Algunos de los científicos más destacados en el campo de la psicología positiva, en particular la profesora Sonja Lyubomirsky, Ed Diener y Martin Seligman, elaboraron lo que llaman la “fórmula de la felicidad”. Dichos investigadores hallaron tres factores específicos, susceptibles de cuantificarse en una sencilla
ecuación:

F = P + C + A

Felicidad = predisposición + condiciones de vida + actividades voluntarias

Ésta es una de las teorías más extendidas acerca de la felicidad, así que la analizaremos para luego mostrar una mejor manera de alcanzar la meta. Aunque apunta en la dirección correcta, la fórmula no profundiza lo suficiente para develar el auténtico secreto de la felicidad.


El primer factor, la predisposición, determina cuán felices somos por naturaleza.

Las personas infelices tienen un mecanismo cerebral que interpreta las situaciones como problemas. Por su parte, las personas felices tienen un mecanismo cerebral que interpreta las mismas situaciones como oportunidades. Así, el fenómeno del “vaso medio lleno o medio vacío” tiene sus raíces en el cerebro y está “dispuesto” de tal manera que no varía mucho con el paso del tiempo. De acuerdo con los investigadores, la predisposición determina alrededor de 40 por ciento de la experiencia de felicidad de una persona. Aparentemente, esta predisposición es en parte genética: si tus padres fueron infelices, es más probable que tú también lo seas. Sin embargo, no debemos olvidar la influencia de la infancia.

El cerebro de los niños tiene neuronas que reflejan el cerebro de los adultos que los rodean. Se dice que estas “neuronas espejo” son responsables del aprendizaje de nuevas conductas. Los pequeños no necesitan imitar a sus padres para aprender algo nuevo; les basta observarlos para que ciertas neuronas se activen de manera tal que reflejen la actividad. Por ejemplo, un bebé a quien se está destetando observa a sus padres comer. Cuando éstos toman los alimentos y los llevan a su boca, ciertas áreas de su cerebro se activan. El simple hecho de observar esta actividad hace que las mismas áreas se activen en el cerebro del niño. De esta forma, el cerebro en desarrollo aprende una nueva conducta sin tener que seguir un proceso de prueba y error.

Este modelo ya se ha demostrado en monos y se ha extendido en la teoría a los humanos. Ofrece la prueba física de algo tan misterioso como la empatía, la capacidad de sentir lo que otro siente. Algunas personas tienen esta habilidad; otras no. Unos cuantos son tan empáticos que prácticamente no toleran el sufrimiento ajeno. Estudios de resonancia electromagnética y tomografía computarizada indican que la función cerebral desempeña un papel fundamental en la empatía. Las neuronas de un niño reflejan las emociones de los adultos que lo rodean y lo hacen sentir lo que éstos sienten. Si un niño vive rodeado por adultos infelices, su sistema nervioso quedará programado para la infelicidad, aun antes de tener motivos para sentirla.

¿Por qué no todos los niños son empáticos? Porque el desarrollo cerebral es extremadamente complejo y diferente en cada bebé. Durante nuestra infancia se programaron simultáneamente toda clase de funciones cerebrales, y para algunos la empatía tuvo un papel secundario. Ésta es una desigualdad preocupante e influye en la felicidad. Podríamos pensar que si el cerebro está predeterminado —por los genes o por la infancia— para cierto grado de felicidad, no hay nada que podamos hacer para cambiarlo. Sin embargo, esto sería un error, porque ni el cerebro ni los genes son estructuras estáticas; están cambiando y evolucionando a cada minuto. Nuestros genes reciben constantemente la influencia de nuevas experiencias. Cada una de nuestras elecciones envía señales químicas que atraviesan el cerebro, incluyendo la elección de ser feliz, y cada señal moldea el cerebro año tras año.

Las investigaciones muestran que, en términos generales, la predisposición del cerebro puede modificarse mediante:

Medicamentos para levantar el ánimo; funcionan sólo en el corto plazo y tienen efectos secundarios.

Terapia cognitiva, que transforma el cerebro mediante la modificación de creencias limitadoras. Todos nos decimos a nosotros mismos palabras que provocan infelicidad. La repetición constante de una creencia negativa (soy una víctima, nadie me quiere, la vida es injusta, hay algo malo en mí) desarrolla vías nerviosas que refuerzan la negatividad al convertirla en una manera habitual de pensar. Dichas creencias pueden remplazarse con otras no sólo más positivas sino más acordes con la realidad (si fui una víctima no tengo por qué seguir siéndolo; puedo encontrar el amor si elijo lugares mejores para buscarlo). Al tratar  pacientes cuya vida está dominada por creencias negativas, los psicólogos han descubierto que la alteración de creencias fundamentales es tan eficaz como los medicamentos para modificar la química cerebral.

Meditación, que produce en el cerebro numerosas alteraciones positivas. Los efectos físicos de permanecer quietos y volcarse al interior son inconmensurables. La resolución del enigma tomó mucho tiempo. Los investigadores tuvieron que luchar contra el prejuicio occidental acerca de que la meditación pertenecía al terreno del misticismo o que era, en el mejor de los casos, una especie de práctica religiosa. Hoy sabemos que activa la corteza prefrontal, sede del pensamiento elevado, y que fomenta la liberación de neurotransmisores como la dopamina, la serotonina, la oxitocina y los opiáceos cerebrales. Cada uno de estos químicos naturales del cerebro se relaciona con distintos aspectos de la felicidad. La dopamina es un antidepresivo; la serotonina aumenta la autoestima; la oxitocina es conocida como la hormona del placer (sus niveles aumentan también durante la excitación sexual); los opiáceos actúan como analgésicos y son responsables de la euforia que sigue al ejercicio físico. Queda claro que la meditación, por producir niveles elevados de estos neurotransmisores, es una manera más eficaz para modificar la predisposición del cerebro. Además, ningún medicamento puede coordinar por sí solo la liberación de todas estas sustancias.

El segundo factor en la fórmula de la felicidad son las condiciones de vida. Como todos queremos mejorar la calidad de nuestra existencia, damos por hecho que un cambio positivo de nuestras condiciones nos hará más felices. Sin embargo, este factor explica sólo entre siete y 12 por ciento de la experiencia total de la felicidad. Si ganas la lotería, por ejemplo, al principio te sentirás extáticamente feliz, pero al cabo de un año regresarás a tu nivel normal de felicidad o infelicidad. Al cabo de cinco años, casi todos los que han ganado la lotería afirman que la experiencia tuvo un efecto negativo en su vida. Los expertos en estrés han acuñado el término eustrés para referirse al estrés causado por experiencias intensamente placenteras. Todos pensamos que nos gustaría vivir eso, pero el cuerpo no sabe distinguir entre el eustrés y el distrés, causado por experiencias desagradables. Ambos pueden desatar la reacción del estrés. Si no te adaptas bien a éste, las experiencias positivas pueden afectar tanto como las negativas tu corazón, tu sistema endocrino y otros órganos y sistemas vitales.

Al igual que los acontecimientos felices, las circunstancias trágicas, como la muerte de un familiar, un amargo divorcio o una desgracia como quedar paralizado por una lesión en la columna, no influyen de manera significativa en el nivel de felicidad de una persona en el largo plazo. Los seres humanos tenemos una notable capacidad para adaptarnos a las circunstancias externas. Como dijo Darwin, el factor más importante para la supervivencia no es la inteligencia ni la fortaleza sino la adaptabilidad. La resistencia emocional, la capacidad de recuperarse después de una experiencia adversa, es uno de los indicadores más confiables de quién vivirá largo tiempo. Todos experimentamos situaciones difíciles, pero la adaptabilidad es un valioso rasgo innato. Esta capacidad explica por qué las condiciones de vida tienen tan poca influencia en el nivel de felicidad de una persona.

Casi 50 por ciento de la fórmula de la felicidad depende del tercer factor, las cosas que elegimos hacer en nuestra vida cotidiana. ¿Qué clase de elecciones nos hacen felices? Unas se basan en la satisfacción personal, pero los investigadores descubrieron con sorpresa que no eran las más significativas. El incremento del placer personal provocado por comer bien, beber champaña, hacer el amor o ver una película proporciona una felicidad de unas cuantas horas o un par de días a lo mucho. La gratificación instantánea declina rápidamente.

Otra clase de elección promueve la expresión creativa o la felicidad de otra persona. En ambos casos se accede a un nivel más profundo del ser. Según las investigaciones, las acciones que realicemos en favor de la felicidad de los demás son una vía rápida para la felicidad duradera. La expresión creativa también puede rendir resultados positivos y perdurables para la propia felicidad.

Esto es, en pocas palabras, lo que las investigaciones más recientes nos dicen. Sin embargo, el conocimiento de la fórmula de la felicidad no es garantía de una felicidad auténtica o duradera. Sólo el tercer factor, las actividades voluntarias, toma en consideración la vida interior de la persona y abre la puerta al que considero el único lugar donde puede encontrarse el secreto de la felicidad. Veamos qué hay detrás de esa puerta. Lo que hallemos también nos ayudará a responder la pregunta más importante: ¿somos los humanos capaces de gozar una felicidad auténtica y perdurable?

Las tradiciones orientales señalan que la vida supone de manera inevitable el sufrimiento, el cual puede tomar la forma de accidentes, desgracias, envejecimiento, enfermedad y muerte. Esto sugiere que los pesimistas tienen razón al afirmar que la felicidad duradera es una ilusión. Los seres humanos, en particular, sufrimos a causa de la memoria y la imaginación. Cargamos con las heridas del pasado e imaginamos que el futuro nos depara más sufrimiento. A las demás criaturas no les preocupa la vejez, la decrepitud ni la muerte. No se aferran al pasado, ni alimentan agravios ni resentimientos.

Los animales sí tienen memoria. Si pateas a un perro, éste recordará la experiencia y gruñirá si se encuentra contigo 10 años después. Pero a diferencia de los humanos, no planificará durante esos 10 años la manera de vengarse. Nuestra capacidad de sufrir nos hace buscar una salida. Por esto, para millones de personas, el presente gira en torno a huir del dolor pasado y evitar el dolor futuro.

En vez de proponer un escape al sufrimiento, las tradiciones de Oriente diagnostican el sufrimiento de la misma forma en que un médico diagnostica la enfermedad. Las tradiciones védica y budista de la India identificaban cinco causas del sufrimiento, y de la infelicidad resultante:

1. Desconocer nuestra identidad auténtica.
2. Aferrarnos a la idea de permanencia en un mundo mutable por naturaleza.
3. Temer al cambio.
4. Identificarnos con esa alucinación de origen social llamada ego.
5. Temer a la muerte.

Si bien la vida ha cambiado drásticamente a lo largo de los siglos, no ha ocurrido lo mismo con estas fuentes del sufrimiento, y mientras no las resolvamos, de poco servirán los medicamentos más eficaces, la crianza más amorosa o las obras más desinteresadas. La fórmula de la felicidad no contempla las verdaderas dolencias de la existencia humana, que todos experimentamos. Estar vivo es recelar el cambio, aferrase al ego y a sus falsas promesas, temer la llegada de la muerte. Cavilamos confundidos acerca de la pregunta más simple y más básica: ¿quién soy?

Por fortuna, no hace falta debatirse con las cinco causas del sufrimiento ya que todas están contenidas en la primera: el desconocimiento de nuestra identidad auténtica. Una vez que experimentes quién eres en realidad, todo sufrimiento desaparecerá. Ésta es, sin duda, una promesa colosal, pero ha perdurado por lo menos tres mil años en espera de que cada nueva generación la descubra. Cada descubrimiento es nuevo y depende del individuo. Por naturaleza, todos estamos interesados en nosotros mismos. Si utilizamos ese interés para ir al fondo de nosotros mismos, encontraremos el lugar donde reside nuestro ser auténtico, y entonces se nos revelará el secreto de la felicidad.

Nuestra identidad auténtica se aloja en una conciencia fundamental más allá de la mente, el intelecto y el ego. Cuando vemos más allá de nuestro limitado yo —ese yo que lucha por alcanzar la paz, el amor y la realización en la vida— estamos en camino de hallar nuestra identidad auténtica. Todos estamos conectados con la fuente de la creación. Los sabios antiguos nos han legado una hermosa imagen que lo representa: una vela de flama eterna, instalada en un santuario dentro del corazón. Si hallamos esa flama alcanzaremos la iluminación y disiparemos las tinieblas de la duda, la ira, el temor y la ignorancia.  

Lo que somos trasciende el espacio, el tiempo y las relaciones de causa y efecto. Nuestra conciencia fundamental es inmortal. Si llegamos a conocernos en este nivel no volveremos a sufrir. Muchas personas equiparan iluminación con impasibilidad, un estado de aislamiento que les resulta atemorizante porque suponen que deben renunciar a las comodidades de la vida cotidiana. Ante la disyuntiva entre iluminación y placer personal, siempre optan por el segundo. Pero el conocimiento de nuestra identidad auténtica no nos aparta ni nos priva de las satisfacciones de la vida diaria; antes bien nos muestra la fuente de todas las satisfacciones.

En la fuente descubrimos una conexión que nos une a todos. Nuestro yo auténtico es transpersonal; esto es, se extiende más allá de las fronteras de nuestro yo personal. No obstante, transpersonal no significa impersonal, otro de los temores que tiene la gente cuando piensa en iluminación. Aquí también ocurre lo contrario; un maestro espiritual indio lo expresó así: “Mi amor resplandece como la luz de una hoguera. No se enfoca en nadie, no excluye a nadie”. Si valoramos el amor, la paz y la realización, el hallazgo de nuestra identidad auténtica no hará sino expandirlos.

Por fortuna, conocer nuestro yo auténtico no es difícil. Es lo que la naturaleza quiere que hagamos. Una vez que encontramos el camino, los pasos se suceden sin dificultad ni tensión. Al principio es necesario un granito de fe. En la sociedad occidental, a pocos se les enseña que la única cura permanente para la infelicidad es la iluminación, pero es posible experimentar en carne propia la verdad de esta afirmación. Desde las primeras etapas del camino el sufrimiento se reduce, a veces de manera drástica.

Desde el lugar donde te encuentras en este instante, leyendo estas palabras, la iluminación puede parecer una posibilidad lejana y sobrecogedora, pero en las páginas siguientes te expondré siete claves que te guiarán en tu recorrido. Como lo más eficaz es siempre lo más sencillo, natural y cómodo, voy a presentarte ahora una idea increíblemente poderosa:

En este mundo de cambio constante,
hay algo que no cambia.

Este sencillo pensamiento describe la meta de cualquier búsqueda. Si te concentras en tu respiración, sentirás que asciende y desciende. Si te concentras en tus pensamientos, observarás que también van y vienen. Todas las funciones del cuerpo presentan este vaivén y, de hecho, el mundo entero funciona de la misma manera.

¿Dónde se origina este ir y venir? ¿Dónde está el no-cambio que posibilita el cambio? Necesariamente existe. Sin un océano en calma no existirían las olas. Sin una mente en calma no podríamos tener pensamientos. Sin el llamado estado fundamental, aquél con un potencial infinito de materia y energía, no existiría el universo, afirman los físicos.

Resulta de gran importancia observar que todo cambio se basa en el no-cambio. Al hacerlo comprendemos que nuestra existencia, inmersa en la transformación, debe implantarse en un estado más profundo e inmutable del ser. Tenemos una fuente, un estado fundamental. Piensa en cualquier cosa que pueda verse: un árbol, un ocaso, la luna o una estrella distante. Tú, el observador, y el objeto que observas, desaparecerán 
algún día. Ambos están atrapados en la inestabilidad. Pero el estado fundamental que los subyace no va ni viene: permanece.

La iluminación consiste simplemente en encontrar la manera de alcanzar este estado fundamental. Una vez alcanzado nos identificamos de manera natural con él, y podemos decir: “Éste es el yo verdadero”. Es así de simple. Por eso el secreto de la felicidad está en nuestras manos. Las siete claves de la felicidad también podrían llamarse las siete claves de la iluminación. Consisten en cosas cotidianas que podemos considerar y hacer. No necesitas hacer un cambio drástico en tu estilo de vida. No tienes que decirle a nadie que estás en el camino de la iluminación, aunque los demás te verán cada vez más feliz y realizado.

El proceso que conduce a la iluminación es gradual y requiere paciencia, pero por fortuna el simple hecho de ir en su búsqueda rinde frutos aquí y ahora. Cualquier paso que des rumbo a tu conciencia fundamental —tu estado estacionario, tu ser auténtico— eliminará algunas causas de infelicidad en tu vida. Al mismo tiempo, florecerá esa felicidad innata que es tu derecho de nacimiento. Tu camino, pues, tiene un doble propósito: disipar la oscuridad y revelar la luz.







lunes, 29 de mayo de 2017

La domesticación y el sueño del planeta Dr. Miguel Ruiz


LIBRO LOS CUATRO ACUERDOS


 Lo que ves y escuchas ahora mismo no es más que un sueño. En este mismo momento estás soñando. Sueñas con el cerebro despierto.

Soñar es la función principal de la mente, y la mente sueña veinticuatro horas al día. Sueña cuando el cerebro está despierto y también cuando está dormido. La diferencia estriba en que, cuando el cerebro está despierto, hay un marco material que nos hace percibir las cosas de una forma lineal. Cuando dormimos no tenemos ese marco, y el sueño tiende a cambiar constantemente.

Los seres humanos soñamos todo el tiempo. Antes de que naciésemos, aquellos que nos precedieron crearon un enorme sueño externo que llamaremos el sueño de la sociedad o el suero del planeta. El sueño del planeta es el sueño colectivo hecho de miles de millones de sueños más pequeños, de sueños personales que, unidos, crean un sueño de una familia, un sueño de una comunidad, un sueño de una ciudad, un sueño de un país, y finalmente, un sueño de toda la humanidad. El sueño del planeta incluye todas las reglas de la sociedad, sus creencias, sus leyes, sus religiones, sus diferentes culturas y maneras de ser, sus gobiernos, sus escuelas, sus acontecimientos sociales y sus celebraciones.

Nacemos con la capacidad de aprender a soñar, y los seres humanos que nos preceden nos enseñan a soñar de la forma en que lo hace la sociedad. El sueño externo tiene tantas reglas que, cuando nace un niño, captamos su atención para introducir estas reglas en su mente. El sueño externo utiliza a mamá y papá, la escuela y la religión para enseñarnos a soñar.

 La atención es la capacidad que tenemos de discernir y centrarnos en aquello que queremos percibir. Percibimos millones de cosas simultáneamente, pero utilizamos nuestra atención para retener en el primer plano de nuestra mente lo que nos interesa. Los adultos que nos rodeaban captaron nuestra atención y, por medio de la repetición, introdujeron información en nuestra mente. Así es como aprendimos todo lo que sabemos.

 Utilizando nuestra atención aprendimos una realidad completa, un sueño completo. Aprendimos cómo comportarnos en sociedad: qué creer y qué no creer; qué es aceptable y qué no lo es; qué es bueno y qué es malo; qué es bello y qué es feo; qué es correcto y qué es incorrecto. Ya estaba todo allí. Todo el conocimiento, todos los conceptos y todas las reglas sobre la manera de comportarse en el mundo.

 Cuando íbamos al colegio, nos sentábamos en una silla pequeña y prestábamos atención a lo que el maestro nos enseñaba. Cuando íbamos a la iglesia, prestábamos atención a lo que el sacerdote o el pastor nos decía. La misma dinámica funcionaba con mamá y papá, y con nuestros hermanos y hermanas. Todos intentaban captar nuestra atención. También aprendimos a captar la atención de otros seres humanos y desarrollamos una necesidad de atención que siempre acaba siendo muy competitiva. Los niños compiten por la atención de sus padres, sus profesores, sus amigos: “Mírame! ¡Mira lo que hago! ¡Eh, que estoy aquí!”. La necesidad de atención se vuelve muy fuerte y continúa en la edad adulta.

 El sueño externo capta nuestra atención y nos enseña qué creer, empezando por la lengua que hablamos. El lenguaje es el código que utilizamos los seres humanos para comprendernos y comunicarnos. Cada letra, cada palabra de cada lengua, es un acuerdo. Llamamos a esto una página de un libro; la palabra página es un acuerdo que comprendemos. Una vez entendemos el código, nuestra atención queda atrapada y la energía se transfiere de una persona a otra.

 Tú no escogiste tu lengua, ni tu religión ni tus valores morales: ya estaban ahí antes de que nacieras. Nunca tuvimos la oportunidad de elegir qué creer y qué no creer. Nunca escogimos ni el más insignificante de estos acuerdos. Ni siquiera elegimos nuestro propio nombre.

 De niños no tuvimos la oportunidad de escoger nuestras creencias, pero estuvimos de acuerdo con la información que otros seres humanos nos transmitieron del sueño del planeta. La única forma de almacenar información es por acuerdo. El sueño externo capta nuestra atención, pero si no estamos de acuerdo, no almacenaremos esa información. Tan pronto como estamos de acuerdo con algo, nos lo creemos, y a eso lo llamamos “fe” Tener fe es creer incondicionalmente.

 Así es como aprendimos cuando éramos niños. Los niños creen todo lo que dicen los adultos. Estábamos de acuerdo con ellos, y nuestra fe era tan fuerte, que el sistema de creencias que se nos había transmitido controlaba totalmente el sueño de nuestra vida. No escogimos estas creencias, y aunque quizá nos rebelamos contra ellas, no éramos lo bastante fuertes para que nuestra rebelión triunfase. El resultado es que nos rendimos a las creencias mediante nuestro acuerdo.

Llamo a este proceso “la domesticación de los seres humanos”. A través de esta domesticación aprendemos a vivir y a soñar. En la domesticación humana, la información del sueño externo se transfiere al sueño interno y crea todo nuestro sistema de creencias. En primer lugar, al niño se le enseña el nombre de las cosas: mamá, papá, leche, botella... Día a día, en casa, en la escuela, en la iglesia y desde la televisión, nos dicen cómo hemos de vivir, qué tipo de comportamiento es aceptable. El sueño externo nos enseña cómo ser seres humanos. Tenemos todo un concepto de lo que es una “mujer” y de lo que es un “hombre”. Y también aprendemos a juzgar: Nos juzgamos a nosotros mismos, juzgamos a otras personas, juzgamos a nuestros vecinos...

Domesticamos a los niños de la misma manera en que domesticamos a un perro, un gato o cualquier otro animal. Para enseñar a un perro, lo castigamos y lo recompensamos. Adiestramos a nuestros niños, a quienes tanto queremos, de la misma forma en que adiestramos a cualquier animal doméstico: con un sistema de premios y castigos. Nos decían: “Eres un niño bueno”, o: “Eres una niña buena”, cuando hacíamos lo que mamá y papá querían que hiciéramos. Cuando no lo hacíamos, éramos “una niña mala” o “un niño malo”.

 Cuando no acatábamos las reglas, nos castigaban; cuando las cumplíamos, nos premiaban. Nos castigaban y nos premiaban muchas veces al día. Pronto empezamos a tener miedo de ser castigados y también de no recibir la recompense, es decir, la atención de nuestros padres o de otras personas como hermanos, profesores y amigos. Con el tiempo desarrollamos la necesidad de captar la atención de los demás para conseguir nuestra recompensa.

 Cuando recibíamos el premio nos sentíamos bien, y por ello, continuamos haciendo lo que los demás querían que hiciéramos. Debido a ese miedo a ser castigados y a no recibir la recompensa, empezamos a fingir que éramos lo que no éramos, con el único fin de complacer a los demás, de ser lo bastante buenos para otras personas. Empezamos a actuar para intentar complacer a mamá y a papá, a los profesores y a la iglesia. Fingimos ser lo que no éramos porque nos daba miedo que nos rechazaran. El miedo a ser rechazados se convirtió en el miedo a no ser lo bastante buenos. Al final, acabamos siendo alguien que no éramos. Nos convertimos en una copia de las creencias de mamá, las creencias de papá, las creencias de la sociedad y las creencias de la religión.

En el proceso de domesticación, perdimos todas nuestras tendencias naturales. Y cuando fuimos lo bastante mayores para que nuestra mente lo comprendiera, aprendimos a decir que no. El adulto decía: “No hagas esto y no hagas lo otro si”. Nosotros nos rebelábamos y respondíamos: “iNo!”. Nos rebelábamos para defender nuestra libertad. Queríamos ser nosotros mismos, pero éramos muy pequeños y los adultos eran grandes y fuertes. Después de cierto tiempo, empezamos a sentir miedo porque sabíamos que cada vez que hiciéramos algo incorrecto recibiríamos un castigo.

 La domesticación es tan poderosa que, en un determinado momento de nuestra vida, ya no necesitamos que nadie nos domestique. No necesitamos que mamá o papá, la escuela o la iglesia nos domestiquen. Estamos tan bien entrenados que somos nuestro propio domador. Somos un animal autodomesticado. Ahora nos domesticamos a nosotros mismos según el sistema de creencias que nos transmitieron y utilizando el mismo sistema de castigo y recompensa. Nos castigamos a nosotros mismos cuando no seguimos las reglas de nuestro sistema de creencias; nos premiamos cuando somos “un niño bueno”, o “una niña buena”.

Nuestro sistema de creencias es como el Libro de la Ley que gobierna nuestra mente. No es cuestionable; cualquier cosa que esté en ese Libro de la Ley es nuestra verdad. Basamos todos nuestros juicios en él, aun cuando vayan en contra de nuestra propia naturaleza interior. Durante el proceso de domesticación, se programaron en nuestra mente incluso leyes morales como los Diez Mandamientos. Uno a uno, todos esos acuerdos forman el Libro de la Ley y dirigen nuestro sueño.

Hay algo en nuestra mente que lo juzga todo y a todos, incluso el clima, el perro, el gato... Todo. El Juez interior utiliza lo que está en nuestro Libro de la Ley para juzgar todo lo que hacemos y dejamos de hacer, todo lo que pensamos y no pensamos, todo lo que sentimos y no sentimos. Cada vez que hacemos algo que va contra el Libro de la Ley, el Juez dice que somos culpables, que necesitamos un castigo, que debemos sentirnos avergonzados. Esto ocurre muchas veces al día, día tras día, durante todos los años de nuestra vida.

Hay otra parte en nosotros que recibe los juicios, y a esa parte la llamamos “la Víctima”. La Víctima carga con la culpa, el reproche y la vergüenza. Es esa parte nuestra que dice: “Pobre de mí! No soy suficientemente bueno, ni inteligente ni atractivo, y no merezco ser amado. ¡Pobre de mí”. El gran Juez lo reconoce y dice: “Sí, no vales lo suficiente”. Y todo esto se fundamenta en un sistema de creencias en el que jamás escogimos creer. Y el sistema es tan fuerte que, incluso años después de haber entrado en contacto con nuevos conceptos y de intentar tomar nuestras propias decisiones, nos damos cuenta de que esas creencias todavía controlan nuestra vida.

Cualquier cosa que vaya contra el Libro de la Ley hará que sintamos una extraña sensación en el plexo solar, una sensación que se llama miedo. Incumplir las reglas del Libro de la Ley abre nuestras heridas emocionales, y reaccionamos creando veneno emocional. Dado que todo lo que está en el Libro de la Ley tiene que ser verdad, cualquier cosa que ponga en tela de juicio lo que creemos nos hace sentir inseguros.  Aunque el Libro de la Ley esté equivocado, hace que nos sintamos seguros.

Por este motivo, necesitamos una gran valentía para desafiar nuestras propias creencias; porque, aunque sepamos que no las escogimos, también es cierto que las aceptamos. El acuerdo es tan fuerte, que incluso cuando sabemos que el concepto es erróneo, sentimos la culpa, el reproche y la vergüenza que aparecen cuando actuamos en contra de esas reglas.

 De la misma forma que el gobierno tiene un Código de Leyes que dirige el sueño de la sociedad, nuestro sistema de creencias es el Libro de la Ley que gobierna nuestro sueño personal. Todas estas leyes existen en nuestra mente, creemos en ellas, y nuestro Juez interior lo basa todo en ellas. El Juez decreta y la Víctima sufre la culpa y el castigo. Pero ¿quién dice que este sueño sea justo? La verdadera justicia consiste en pagar sólo una vez por cada error. Lo que es verdaderamente injusto es pagar varias veces por el mismo error.

 ¿Cuántas veces pagamos por un mismo error? La respuesta es: miles de veces. El ser humano es el único animal sobre la tierra que paga miles de veces por el mismo error. Los demás animales pagan sólo una vez por cada error. Pero nosotros no. Tenemos una gran memoria. Cometemos una equivocación, nos juzgamos a nosotros mismos, nos declaramos culpables y nos castigamos. Si fuese una cuestión de justicia, con eso bastaría; no necesitamos repetirlo. Pero cada vez que lo recordamos, nos juzgamos de nuevo, volvemos a considerarnos culpables y nos volvemos a castigar, una y otra vez, y otra, y otra más. Si estamos casados, también nuestra mujer o nuestro marido nos recuerda el error, y así volvemos a juzgarnos de nuevo, nos castigamos otra vez y nos volvemos a sentir culpables. ¿Acaso es esto justo? ¿Cuántas veces hacemos que nuestra pareja, nuestros hijos o nuestros padres paguen por el mismo error? Cada vez que recordamos el error, los culpamos de nuevo y les enviamos todo el veneno emocional que sentimos frente a la injusticia, hacemos que vuelvan a pagar por ello. ¿Eso es justicia?

El Juez de la mente está equivocado porque el sistema de creencias, el Libro de la Ley, es erróneo. Todo el sueño se fundamenta en una ley falsa. El 95 por ciento de las creencias que hemos almacenado en nuestra mente no son más que mentiras, y si sufrimos es porque creemos en todas ellas.

 En el sueño del planeta, a los seres humanos les resulta normal sufrir, vivir con miedo y crear dramas emocionales. El sueño externo no es un sueño placentero; es un sueño lleno de violencia, de miedo, de guerra, de injusticia.

 El sueño personal de los seres humanos varía, pero en conjunto es una pesadilla. Si observamos la sociedad humana, comprobamos que es un lugar en el que resulta muy difícil vivir, porque está gobernado por el miedo. En el mundo entero, vemos sufrimiento, cólera, venganza, adicciones, violencia en las calles y una tremenda injusticia. Esto existe en diferentes niveles en los distintos países del mundo, pero el miedo controla el sueño externo.

Si comparamos el sueño de la sociedad humana con la descripción del infierno que las distintas religiones de todo el mundo han divulgado, descubrimos que son exactamente iguales. Las religiones dicen que el infierno es un lugar de castigo, de miedo, de dolor y de sufrimiento, un lugar donde el fuego te quema. Cada vez que sentimos emociones como la cólera, los celos, la envidia o el odio, experimentamos un fuego que arde en nuestro interior. Vivimos en el sueño del infierno. Si consideramos que el infierno es un estado de ánimo, entonces nos rodea por todas partes. Tal vez otras personas nos adviertan que si no hacemos lo que ellas dicen que deberíamos hacer, iremos al infierno. Pero ya estamos en el infierno, incluso la gente que nos dice eso. Ningún ser humano puede condenar a otro al infierno, porque ya estamos en él. Es cierto que los demás pueden llevarnos a un infierno todavía más profundo, pero únicamente si nosotros se lo permitimos.

 Cada ser humano, hombre o mujer, tiene su sueño personal, que, al igual que ocurre con el sueño de la sociedad, a menudo está dirigido por el miedo. Aprendemos a soñar el infierno en nuestra propia vida, en nuestro sueño personal. El mismo miedo se manifiesta de distintas maneras en cada persona, por supuesto, pero todos sentimos cólera, celos, odio, envidia y otras emociones negativas. Nuestro sueño personal también puede convertirse en una pesadilla permanente en la que sufrimos y vivimos en un estado de miedo constante. Sin embargo, no es necesario que nuestro sueño sea una pesadilla. Podemos disfrutar de un sueño agradable.

 Toda la humanidad busca la verdad, la justicia y la belleza. Estamos inmersos en una búsqueda eterna de la verdad porque sólo creemos en las mentiras que hemos almacenado en nuestra mente. Buscamos la justicia porque en el sistema de creencias que tenemos no existe. Buscamos la belleza porque, por muy bella que sea una persona, no creemos que lo sea. Seguimos buscando y buscando cuando todo está ya en nosotros. No hay ninguna verdad que encontrar. Dondequiera que miremos, todo lo que vemos es la verdad, pero debido a los acuerdos y las creencias que hemos almacenado en nuestra mente, no tenemos ojos para verla. No vemos la verdad porque estamos ciegos. Lo que nos ciega son todas esas falsas creencias que tenemos en la mente. Necesitamos sentir que tenemos razón y que los demás están equivocados. Confiamos en lo que creemos, y nuestras creencias nos invitan a sufrir. Es como si viviésemos en medio de una bruma que nos impide ver más allá de nuestras propias narices. Vivimos en una bruma que ni tan siquiera es real.

 Es un sueño, nuestro sueño personal de la vida: lo que creemos, todos los conceptos que tenemos sobre lo que somos, todos los acuerdos a los que hemos llegado con los demás, con nosotros mismos e incluso con Dios. Toda nuestra mente es una bruma que los toltecas llamaron mitote. Nuestra mente es un sueño en el que miles de personas hablan a la vez y nadie comprende a nadie. Esta es la condición de la mente humana: un gran mitote, y así es imposible ver lo que realmente somos. En la India lo llaman maya, que significa “ilusión”. Es nuestro concepto de “Yo soy”. Todo lo que creemos sobre nosotros mismos y el mundo, todos los conceptos y programas que tenemos en la mente, todo eso es el mitote. Nos resulta imposible ver quiénes somos verdaderamente; nos resulta imposible ver que no somos libres. Esta es la razón por la cual los seres humanos nos resistimos a la vida.

Estar vivos es nuestro mayor miedo. No es la muerte; nuestro mayor miedo es arriesgarnos a vivir: correr el riesgo de estar vivos y de expresar lo que realmente somos. Hemos aprendido a vivir intentando satisfacer las exigencias de otras personas. Hemos aprendido a vivir según los puntos de vista de los demás por miedo a no ser aceptados y de no ser lo suficientemente buenos para otras personas. Durante el proceso de domesticación, nos formamos una imagen mental de la perfección con el fin de tratar de ser lo suficientemente buenos. Creamos una imagen de cómo deberíamos ser para que los demás nos aceptaran. Intentamos complacer especialmente a las personas que nos aman, como papá y mamá, nuestros hermanos y hermanas mayores, los sacerdotes y los profesores. Al tratar de ser lo suficientemente buenos para ellos, creamos una imagen de perfección, pero no encajamos en ella. Creamos esa imagen, pero no es una imagen real. Bajo ese punto de vista, nunca seremos perfectos. ¡Nunca! Como no somos perfectos, nos rechazamos a nosotros mismos. El grado de rechazo depende de lo efectivos que hayan sido los adultos para romper nuestra integridad. Tras la domesticación, ya no se trata de que seamos lo suficientemente buenos para los demás. No somos lo bastante buenos para nosotros mismos porque no encajamos en nuestra propia imagen de perfección. Nos resulta imposible perdonarnos por no ser lo que desearíamos ser, o mejor dicho, por no ser quien creemos que deberíamos ser. No podemos perdonarnos por no ser perfectos. Sabemos que no somos lo que creemos que deberíamos ser, de modo que nos sentimos falsos, frustrados y deshonestos. Intentamos ocultarnos y fingimos ser lo que no somos. El resultado es un sentimiento de falta de autenticidad y una necesidad de utilizar máscaras sociales para evitar que los demás se den cuenta. Nos da mucho miedo que alguien descubra que no somos lo que pretendemos ser. También juzgamos a los demás según nuestra propia imagen de la perfección, y naturalmente no alcanzan nuestras expectativas. Nos deshonramos a nosotros mismos sólo para complacer a otras personas. Incluso llegamos a dañar nuestro cuerpo para que los demás nos acepten.

 Vemos a adolescentes que se drogan con el único fin de no ser rechazados por otros adolescentes. No son conscientes de que el problema estriba en que no se aceptan a sí mismos. Se rechazan porque no son lo que pretenden ser. Desean ser de una manera determinada, pero no lo son, y esto hace que se sientan culpables y avergonzados. Los seres humanos nos castigamos a nosotros mismos sin cesar por no ser como creemos que deberíamos ser. Nos maltratamos a nosotros mismos y utilizamos a otras personas para que nos maltraten. Pero nadie nos maltrata más que nosotros mismos; el Juez, la Víctima y el sistema de creencias son los que nos llevan a hacerlo. Es cierto que algunas personas dicen que su marido o su mujer, su madre o su padre las maltrató, pero sabemos que nosotros nos maltratamos todavía más. Nuestra manera de juzgarnos es la peor que existe. Si cometemos un error delante de los demás, intentamos negarlo y taparlo; pero tan pronto como estamos solos, el Juez se vuelve tan tenaz y el reproche es tan fuerte, que nos sentimos realmente estúpidos, inútiles o indignos. Nadie, en toda tu vida, te ha maltratado más que tu mismo. El límite del maltrato que tolerarás de otra persona es exactamente el mismo al que te sometes tú. Si alguien llega a maltratarte un poco más, lo más probable es que te alejes de esa persona. Sin embargo, si alguien te maltrata un poco menos de lo que sueles maltratarte tú, seguramente continuarás con esa relación y la tolerarás siempre. Si te castigas de forma exagerada, es posible que incluso llegues a tolerar a alguien que te agrede físicamente, te humilla y te trata como si fueras basura. ¿Por qué? Porque, de acuerdo con tu sistema de creencias, dices: “Me lo merezco. Esta persona me hace un favor al estar conmigo. No soy digno de amor ni de respeto. No soy suficientemente bueno”. Necesitamos que los demás nos acepten y nos amen, pero nos resulta imposible aceptarnos y amarnos a nosotros mismos. Cuanta más autoestima tenemos, menos nos maltratamos. El abuso de uno mismo nace del autorrechazo, y éste de la imagen que tenemos de lo que significa ser perfecto y de la imposibilidad de alcanzar ese ideal. Nuestra imagen de perfección es la razón por la cual nos rechazamos; es el motivo por el cual no nos aceptamos a nosotros mismos tal como somos y no aceptamos a los demás tal como son.


martes, 24 de enero de 2017

Qué es lo más importante






Un día, un viejo profesor fue contratado para dar un curso formación sobre la planificación eficaz de su tiempo a un grupo de quince ejecutivos de grandes compañías norteamericanas.

Este curso constituía uno de los cinco talleres de su jornada de formación. El viejo profesor no tenía entonces sino una hora para "hacer pasar su materia".

Parado, delante de ese grupo de élite (que estaba listo a anotar todo lo que el experto le iba a enseñar), el viejo profe los miró uno por uno, atentamente, y les dijo "Vamos a hacer un experimento".

Debajo de la mesa que lo separaba de sus alumnos, el profesor movió un inmenso tarro de vidrio de más de 4 litros, que puso delicadamente en frente suyo.Luego sacó alrededor de doce piedras tan grandes como bolas de tenis y las depositó cuidadosamente, una por una en el gran tarro.

Cuando el recipiente se llenó hasta el borde y era imposible agregarle una sola piedra más, levantó lentamente los ojos hacia sus alumnos y les preguntó:

"¿Les parece que el tarro está lleno?"

Todos respondieron: "Sí."

Esperó unos segundos y agregó : "¿Están seguros?"

Entonces, él se agachó de nuevo y sacó de debajo de la mesa un recipiente lleno de piedrecillas. Con mucho cuidado, él agregó las piedritas sobre las piedras grandes y sacudió ligeramente el tarro. Las pequeñas piedras se infiltraron entre las grandes... hasta el fondo del tarro.

El viejo profesor levantó nuevamente los ojos hacia su auditorio y reiteró su pregunta:

"¿Les parece que el tarro está lleno?"

Esta vez sus brillantes alumnos comenzaron a entender su manejo.

Uno de ellos respondió: "¡Probablemente no!"

"Bien", respondió el viejo profesor.

Se agachó nuevamente y esta vez sacó de debajo de la mesa una bolsa de arena. Con mucho cuidado agregó la arena al tarro. La arena rellenó los espacios existentes entre las piedras y las piedritas. Una vez más, preguntó: "¿Les parece que el tarro está lleno?"

Esta vez sin pensarlo dos veces y en coro, los brillantes alumnos, respondieron:

"¡No!"

Bien!", respondió el viejo profesor.

Y como se esperaban sus prestigiosos alumnos, el hombre cogió la botella de agua que estaba sobre la mesa y llenó el tarro hasta el tope.
El viejo profesor levantó entonces los ojos hacia su grupo y preguntó:

"¿Qué gran verdad nos demuestra esta experiencia?"

Sin estar loco, el más audaz de sus alumnos, reflexionando sobre el tema de este taller, respondió:

"Esto demuestra que incluso cuando creemos que nuestra agenda está completamente copada, si lo deseamos realmente, podemos agregar más citas, más cosas para hacer."

"No", respondió el viejo profesor. "No es eso".

La gran verdad que nos muestra esta experiencia, es la siguiente:

"Si uno no mete las piedras grandes primero en el tarro,jamás podría hacer entrar el resto después."

Hubo un gran silencio, en el que cada uno estaba tomando conciencia de la evidencia de estos propósitos.

El viejo profesor, dijo entonces: "¿Cuáles son las piedras grandes en sus vidas?"

"¿Su salud?"

"¿Su familia?"

"¿Sus amigos?"

"¿Realizar sus sueños?"

"¿Hacer lo que aman?"

"¿Aprender?"

"¿Defender una causa?"

"¿Relajarse?"

"¿Tomarse el tiempo...?"

"¿O cualquier otra cosa?"

"Lo que hay que retener, es la importancia de meter esas PIEDRAS GRANDES en primer lugar en la vida.
Si no, uno se arriesga a no lograr... la vida. Si uno le da prioridad a los pecadillos (las piedritas, la arena) uno llenará la vida, pues, de pecadillos y no tendrá suficiente tiempo para consagrar a los elementos importantes de la vida."

¿ Cuales son las piedras grande para ti .?
¿ Cuales tienes en tu tarro y cuales estas dejando por fuera ?

"Enseguida, mételas primero en tu tarro."






sábado, 31 de diciembre de 2016

KRYON - NUMEROLOGIA



Saludos, queridos, Yo Soy Kryon del Servicio Magnético.

Mi socio se hace a un lado. Esta es la última canalización principal de 2016; habrá dos más, pero no dedicadas a un tema, como resulta apropiado para esta reunión. De modo que voy a tomarla y hacer algo que no hice antes: una enseñanza; es una enseñanza sobre algo que muchos me han pedido, porque querían saber algo de lo elemental de lo que voy a hablar. Porque hay una razón para este tema, que les daré en un momento; está relacionado, o sea que es específico para lo que está sucediendo ahora mismo en el planeta; es específico en cuanto ustedes ingresan a otro año.

Quiero hablarles sobre energías. Lo que quiero decir es que las energías de las que hablo suelen ser objeto de controversia, porque representan sistemas muy antiguos. Y representan cosas que algunos creen y otros no. Entonces quiero que se sienten y simplemente escuchen, y comprendan más plenamente algunas cosas que probablemente no se les han explicado a fondo. Existe una razón para todo esto, como verán.

Esta noche quiero hablar de numerología; quiero empezar con una premisa y continuar con las definiciones; quiero contarles sobre los números, contarles cómo esto existe dentro del cambio, qué significa y que podría no significar.

La numerología, definida según su nombre, es la energía de los números. Es sencillo: los números tienen energía. Ahora bien, si le dices eso a algunas personas, te mirarán, pondrán los ojos en blanco y dirán: "No en mi mundo. Los números son solamente números; denotan cosas, y eso es todo. Se unen para hacer cálculos; eso es todo."

La numerología es antigua, y quiero empezar disculpándome con los numerólogos, porque hay muchas clases de numerologías, e incluso las del tipo que les voy a dar, son en extremo complejas, y solo les daré lo básico. Vamos a comenzar con la más antigua que pueden encontrar en el planeta; todavía se enseña este sistema; es la numerología tibetana.

Pero para algunos la premisa aún es difícil: ¿Cómo puede ser que un número signifique algo? ¿Cómo puede ser otra cosa que tinta sobre una página, o una palabra hablada? Y si empiezan a pensarlo, cada vez que ven un número, es parte normal de una comunicación, ya sea que señale un cálculo o tal vez que señale una posición. Si ven algo en la "página 30", allí hay un mensaje. Imaginen un libro sin números de página (se ríe). Sería caótico, nunca podrían volver a la página que habían estado leyendo si no pusieron algún marcador. Entonces se colocan números en el libro; ¿no les dice eso que en los números hay un mensaje? La energía del número de una página dice: "Esta es la página donde ocurrieron las cosas que están en la página; no solo eso, sino que hay una página antes de mí y otra después de mí, que tienen números diferentes." Entonces ese número en la página cuenta una historia, ¡y en la historia hay energía! Ahora bien, esto es apenas un minúsculo ejemplo de cómo un número puede tener un mensaje, cómo un número cuenta una historia y no solamente se queda ahí siendo un número. Esta es la base de la numerología genérica. En su sentido más simple, los números contienen energías que se pueden definir. Tanto, que se puede derivar un número y les contará una historia, en forma similar al libro y el número de página.

Existen significados genéricos para los números. Ahora bien; lo que les voy a dar ahora, que nunca les he dado así en canalización, definirá los más simple de los números y su significado. Pero antes de hacer eso, les cuento que la numerología existe en algunos sistemas que a ustedes ni se les ocurriría que tuvieran algo que ver con números. ¿Han hablado con alguien que sabe leer las hojas del té? ¿Qué está leyendo? Es una combinación de patrones, pero más específicamente, ¡de números! Porque leen los bordes, o la cantidad, y el significado se deriva en base a los números.

Puede que hayan oído de quienes echan las piedras; ¿qué están leyendo en esas piedras? Déjenme contarles un secreto: cuentan los lados, como ustedes lo harían con los dados. Y derivan un número, y luego el número tiene un significado.

De modo que la numerología tiene muchas facetas. La numerología antigua que describiremos es la más simple. El tipo más simple sería desde el 1 hasta el 9. Ahora bien; en tanto les cuento las definiciones del 1 hasta el 9 según los tibetanos, también les diré que hay extensiones para todo lo que voy a describir, y esas extensiones son la complejidad de la que no hablaremos. No solo eso, sino que parecerá que nos dejamos el cero afuera.

Los ceros tienen significados, pero tienen que aparecer más tarde en un sistema más complejo para que ustedes vean por qué existirían en absoluto. De modo que describamos del 1 al 9. Luego consideremos la era en la ustedes que están, miremos los años en que están, miremos algunos de los nombres que los rodean. Y veamos si hay una confluencia de ideas que podría ser similar, basada solo en los números.

Algunos toman un alfabeto y asignan números a las letras, y no importa qué clase de alfabeto, porque la base de la numerología parecería ser al azar. Y sin embargo, no hay nada de azar en lo que se refiere a lo que es el alma de este planeta. A través del libre albedrío, queridos, pueden crear lo que quieran. Pero si prestan atención a lo que ya está aquí en la Física, en los números, en los colores, en los sentimientos, en las rejillas, en Gaia, todo confluye para ustedes. Y así, los sistemas están en todas partes.

Si toman el alfabeto y le asignan un número a cada letra, luego toman su nombre y suman esos números, recibirán una respuesta. La respuesta es una energía que los rodea. Podrían decir: "Bueno, eso es por azar." ¡Y no lo es! Ni siquiera es por azar que les hayan puesto ese nombre. Hemos hablado de potenciales, e incluso en esta sesión hemos hablado sobre el hecho de que realmente hay muy poco azar, si están conectados con lo que es la metafísica del planeta. Echemos una mirada a esto.

Número 1 - El número 1 básicamente es nuevos comienzos. Es el comienzo de algo, es la reescritura, es la reformulación; significa "nuevo". Es el primer número. Este es fácil. De hecho, todos los números son fáciles, y podrán recordarlos en lo más básico, porque son fáciles. Luego se vuelve más complejo.

Número 2 - es la dualidad. También responde al libre albedrío. Así, si obtienen un número 2 respecto a algo, les está diciendo que estará lleno de decisiones. Esa dualidad existirá, haciendo tal vez más difícil el acertijo. El número 2 está todo lleno de libre albedrío humano.

Número 3 - es un número catalítico. Si obtienen un número 3 con respecto a algo, sabrán que la energía mueve otras cosas sin cambiar de por sí; por lo tanto es un catalizador. Muchos sanadores, muchos maestros tendrán el tres a su alrededor constantemente. Algunos han malentendido esto como los tres de sistemas espirituales, que también existen. Ustedes tienen el suyo propio, en el sistema de espiritualidad en su cultura: dividieron a Dios en tres partes. Este es un número catalítico, porque las tres partes luego mueven otras cosas. Un sanador con un 3 a su alrededor será alguien que ayuda sin cambiarse a sí mismo y todos los que pasan por su vida cambian; eso es el 3.

El 4 es un número de la Tierra. Es una comunidad, es Gaia. Es más cosas que las que puedan definir, pero es un número atado a la tierra. Muchos granjeros son cuatros. Es interesante cómo el cuatro se ha metido incluso en asuntos sociales, como el Club 4-H (se ríe). Muchos cuatros entre los rancheros, que se ocupan mucho de los animales en todas partes. Esa es la energía del 4.

El 5 es el cambio. Cambio puro. Cuando vean un 5 en relación con algo, señala que la energía de la situación, o del lugar, o de la dirección, o el año, cambia.

Ahora bien, ya hay algunos - y solo llevamos cinco números - que han dicho: "Realmente no estoy de acuerdo con nada de esto. Puedo vivir mi vida sin saber nada de esto." Y tienen razón, porque tienen su libre albedrío. Pueden pasarle por encima con una aplanadora; no los afectará, realmente no, porque ustedes tienen su propio número. Son del número de los obstinados (se ríe); son del número que aplasta a los números. ¡Ese es el libre albedrío que tienen! ¡No están obligados a creer en estas cosas! Y no los afectarán, realmente no, porque ustedes les pasan por encima.

"Kryon, ¿quieres decir que si obtengo un número de cambio en algo, el cambio no me afectará?" Esto es difícil de explicar, queridos. Si no lo creen y no lo reconocen, si no es algo que esté en su realidad o su verdad, no llegará a afectarlos tanto, no, no lo hará. Porque están casi en otro paradigma por su cuenta. Mi socio fue así, hasta que lo encontré. Él no creía nada de estas cosas, no era sensible a nada. Y entonces para él los números eran solo números, era como acabamos de describir. Pero si se comprenden estas cosas y se es parte del sistema, y con libre albedrío se reconoce esto, ¡se pueden descubrir muchas cosas! Porque entonces se está a bordo, sensible a lo que es la metafísica del planeta.

Número 6 - Difícil. Es un número espiritual, elevado, pero en verdad significa armonía. Entonces, la energía del 6 es la de la armonía.

Como pueden ver, sería maravilloso tener algunos de estos números como dirección, por ejemplo, de dónde están o a dónde van, tal vez la numerología de un proyecto basada en su título que resulte un 6, de manera que sea cooperativo y armonioso. Eso nos conduce a algo más. Hay muchos nombres que se desarrollan solo en base a la numerología. Algunos humanos se cambian el nombre que les dieron, creando otro nombre que numéricamente suma un mejor número final. Ustedes podrían decir: "¿Funciona así? " Les diré algo: un ser humano empieza a llamarlos por otro nombre; ese nombre contiene una energía, porque la están diciendo, porque ustedes la cambiaron, porque pusieron la intención, y sí, funciona.

El número 7 significa espiritualidad; todas las cosas que son sietes podrían entonces tener una base o un trasfondo espiritual. Buen número para los altares, para otros tipos de organizaciones, para actividades donde realmente se habla de cosas que son espirituales y significativas para ustedes.

El número 8 es manifestación y abundancia. Todos quieren un 8 (se ríe) y no necesariamente ha de tratarse de dinero; pueden manifestar salud, vida, larga vida, pueden manifestar un sistema inmune poderoso, pueden ser abundantes en la química de su cuerpo que los protegerá de las enfermedades. Entonces la manifestación y la abundancia tienen muchos significados pero todos les dan cosas y les posibilitan crear cosas en abundancia.

Número 9 - el número activo del día, es compleción. Compleción puede significar muchas cosas. Podría ser el fin de algo, pero si está completado, lo has terminado. Un 9 sería una graduación: has terminado el curso. El día en que te gradúas sería un buen día 9; habla del final de algo. Y podría ser mayormente el fin de paradigmas, de sistemas, y también puede ser el fin del dolor. Puede ser el fin de una cierta manera de pensar. En la sociedad podría ser el fin de una vieja costumbre. El fin de un proyecto, la terminación de algo que existía antes.

Ahora bien; estos son los nueve números, y nunca los hemos definido así en una canalización. Esto es complicado, de modo que no vamos a seguir adelante hablándoles sobre las complicaciones.

Primero: ¿qué sucede cuando tienes números que aparecen uno al lado del otro en una página? Un número afecta a otro, dependiendo de la energía del número. Muchos números no aparecen juntos en secuencia; por ejemplo 481. El 8 que es abundancia se ve afectado por el 1, según cuánto hace que ha estado allí (se ríe). Podrían incluso decir que es una numerología cuántica porque los números que lo rodean tienen influencia sobre él; no vamos a hablar de eso.

Cada número - ¿están preparados? - tiene sus propios atributos astrológicos y todos los planetas están implicados en la numerología, y eso cambia según la situación, así como la astrología cambia de un minuto al otro.

De modo que si realmente se quiere ver la complejidad de los sistemas, que no solo identifican el número y la energía de algo, sino que luego van a los atributos astrológicos de ese algo, luego pueden redefinirlo y llevarlo por caminos que lo hacen muy,. muy específico. Esas son solamente dos áreas de las que no hablaremos. Quiero que esto sea simple, porque quiero mostrarles dónde están.

Comencemos con la precesión de los equinoccios. Hay números involucrados; según funciona la numerología, no importa cuán largo sea el número, se lo suma para obtener un solo número. Solamente hay una excepción para este axioma en esta numerología simplista. La excepción es cuando se tienen dos números idénticos que están solos uno al lado del otro: 11; 22; 33; 44; 55; así hasta el 99. A estos se los identifica como números maestros. Los números maestros tienen identidades y energías propias. El 11, por ejemplo, es la iluminación. El 22 es una fuerte dualidad. El 33 es el número más compasivo que tienen.

Para quienes estuvieron viendo 11-11 en el reloj durante años, esto anunciaba una iluminación por venir. Iluminación/iluminación; 11-11. Significaba eso; no se suman el uno con el uno para obtener un dos, porque el once es un número maestro, y luego si lo ven dos veces es un énfasis. Anunció durante años, queridos, el cambio de iluminación 11-11 que está sobre ustedes: la luz ganará. Ahora pueden ver por qué 11-11 estaba en los relojes tan a menudo antes del cambio, y no necesariamente después. No son muchos entre ustedes los que siguen viendo 11-11. Y si lo hacen, es solo un recordatorio de que están en un cambio que fue preanunciado.

Ahora bien, lo raro de los números maestros es que solo están identificados hasta el 33. Qué coincidencia, ¿no? que este sea el número activo de su ADN.

El 44 es desconocido; el 55 y los siguientes no serán comprensibles. Y lo que han dicho los tibetanos sobre eso es que cuando el ADN - ellos no nombraron al ADN, dijeron la consciencia - alcance un cierto punto de comprensión, se podrían identificar los números maestros más allá del 33. En otras palabras, estos contienen conceptos que exceden su comprensión por el momento, y no es cuestión de ciencia. Es acción compasiva, es una conducta que ustedes todavía no han visto. Es maestría; hablan de una maestría que ustedes aún no tienen, y por eso no se los puede dilucidar.

El 33 se define como la compasión del Maestro; la compasión más elevada que se ha conocido que exista en la humanidad es un 33. ¿Qué pensaron cuando los 33 mineros salieron del pozo en la tierra? ¿Sabían que los que informaron eso dijeron que el número 33 estaba por todas partes? No era solo el número de mineros: las horas, los días en que llegaban, los números de los escenarios de perforación, y así seguía y seguía. El 33 estaba por todos lados, y los que estudiaban numerología sabían lo que iba a pasar, sabían que ellos saldrían de la tierra, completa y totalmente sanos y seguros, que habría celebración y alegría y lágrimas. La compasión del maestro estaba allí. Aún antes de empezar la perforación, se lo podía ver venir, se podía sentir, los iban a encontrar, iban a estar bien. ¡Y así fue!
¿Ven cómo la numerología parece enfocar sobre la energía de lo que va a suceder?

La precesión de los equinoccios es un bamboleo de la Tierra de 26.000 años. Eso es un 8. Como no estamos hablando del bamboleo de la Tierra, se trata de lo que sucede si ustedes lograban pasar el punto central: el 21 de diciembre de 2012. Es la historia de la manifestación, la abundancia que se manifiesta con ese bamboleo de 26.000 años es la Tierra entrando en estado ascendido, en maestría, en un ADN que empezará a acceder a una tasa más alta. Ustedes están allí; lo pasaron; se ha manifestado; de ahí los 26.000. ¿Alguna vez relacionaron estos números? Aquí no hay nada accidental. La misma precesión del equinoccio, el tiempo que requiere, para que este bamboleo cambie los cielos al recorrer la Vía Láctea es de 36 años: es un 9. Presten atención a los nueves, porque la precesión de los equinoccios grita ¡nueve, nueve, nueve! Es el fin de lo viejo, el comienzo de lo nuevo. Dieciocho años para entrar: es un 9. Dieciocho años para salir: un 9. Los nueves predominan en lo referente al cambio. Lo dicen una y otra vez: lo viejo se va.

Todo lo que ustedes pensaban sobre el valor de ser humano va a cambiar, y va a ser mayor que lo que jamás concibieron que pudiera ser. Algún día el amor de Dios va a derramarse en su consciencia; los bebés nacerán sabiendo quiénes son; en el planeta habrá una consciencia superior a 44, tal vez 55, ¡en la que ustedes realmente empezarán a tener los atributos de la maestría! Incluso puede que dominen el tiempo; tal vez incluso la vida misma. La Física empezará a ser algo manipulable. Queridos, eso es consciencia elevada, ¡y la han visto en los Maestros! Va a requerir largo tiempo.

Quienes los sembraron a ustedes pasaron por lo mismo exactamente; no tuvieron una precesión, no tenían un bamboleo de su planeta; su escenario era completamente distinto, pero provenía de las estrellas. Tuvo que ver con los soles que estaban cercanos, combinándose de cierto modo. Cuando lo hicieron, y fue solo separado por miles de años, algo sucedió y ellos hicieron el cambio; el mismo cambio que ustedes. Y su consciencia empezó a cambiar y transformarse. Su historia fue peor que la de ustedes; ya lo dijimos antes. Ustedes piensan en los genocidios marginales que tuvieron con las guerras, y el dolor que han sufrido; ¡ellos tuvieron un genocidio total! Y sin embargo se recuperaron completamente. Queridos, los que los sembraron a ustedes atravesaron mucho más que ustedes. ¿Cuánto tiempo les llevó, desde su precesión, su cambio, hasta cuando los pudieron sembrar? Ni siquiera tengo ganas de contarles cuánto, porque se deprimirían, pensando que tienen que atravesar tanto tiempo.

Queridos, quiero que cambien su actitud respecto al tiempo. Ustedes miden el tiempo según cuánto viven; así es como lo miden. Consideran su expectativa de vida y tiene una energía de un número de años. ¿Y si les digo que eso no es correcto? Porque ustedes son eternos; siempre estarán aquí. Vida tras vida, tras vida, y empiezan a despertar y las vidas recuerdan por qué están aquí. Al venir la próxima vez - sí, regresarán, ¿me oyeron? - la próxima vez que vengan se despertarán con un conocimiento, y no cometerán los errores que hicieron esta vez; eso es el alma antigua entrando en una energía diferente. Será la primera vez que al despertar estén en el cambio: ¡la primera vez! Y será muy distinto de cuando despertaron la vez anterior.

Esto es: cuando nacieron había una energía de nacimiento; desde este momento en adelante, cuando nazcan habrá otra energía: sabrán que son almas antiguas. Van a tener la sabiduría de no cometer los errores que hicieron esta vez; las personas los verán diferentes. Los niños ya están empezando a cambiar ahora, y van a cambiar tanto y tan rápido, que habrá un día en que digan que todos ellos serán prodigios según como los medirían hoy. Es simplemente crecer; en lugar de estar en el patio de juegos, ahora están en una situación en que se ven uno a otro y se disfrutan uno a otro. ¿Qué pasa cuando crecen? Cuando van creciendo desde los 8 a los 18 años, cobran vida socialmente, ¡y son tan distintos! Eso le está sucediendo a la humanidad: no irán a la guerra y no matarán a otro ser humano, porque lo conocen. El otro no será un misterio; no será algo que elimines para solucionar un rompecabezas. Y mirarás hacia el pasado a esa misma cosa y dirás que fue el máximo de barbarie, y que ni siquiera lo considerarías. Tan lejano de la consciencia estará el acabar con cualquier vida; ese es quien vas a ser.

El 9 que representa todo el bamboleo; 26 años, la manifestación que culmina en los nueves que ves ahora, es el fin de un viejo tipo de civilización; todo lo que has sido, ser humano, sucedió en los últimos 26.000 años. Siembre has estado en la energía del bamboleo, como existe ahora.

Ha comenzado el nuevo bamboleo. Verás, sigue bamboleándose, excepto que lo hace en forma diferente (se ríe) con un número nuevo. Queridos, quiero que miren el año en que están: 2016. ¡Qué coincidencia! Es un nueve. ¡Hay nueves por todas partes! Ahora bien, ¿qué significa este nueve? Significa que la energía de recalibración que tuvo lugar en 2012 está terminando; que la frustración de intentar encontrar una nueva frecuencia en que sintonizar, porque el cambio ha creado eso, ya se está yendo. Significa que en muchas vidas está saliendo el sol. Y la astrología que se les dio hoy favorece esto. Habla de la misma cosa que dice la numerología. El año próximo es un 1. El ciclo de los años crea eso; ¡habrá muchos nueves y unos juntos! Pero estamos hablando de ahora mismo: un nueve. Representa también un cambio tremendo, porque cuando empaquetan algo y cambian un paradigma para mudarse a otra cosa, descubren algunas emanaciones de un 5. Tal vez aún están por verse, pero las verán en la astrología. Recuerden esto de los números.

Ustedes acaban de pasar por una elección, y el que se ha elegido es el presidente número 45. ¡Qué coincidencia! ¡Otro nueve! ¿Empiezan a ver el panorama? Cambio forzado, podrían decir, pero es en extremo potente; las cosas van a ser distintas de lo que eran antes. Quiero que tomen al que será presidente: nombre, apellido, y hagan la numerología basada en el alfabeto. La A es el 1, y sigan. Si hacen eso, encontrarán la energía de él. ¿Qué creen que será? ¡Es un 8! ¡Abundancia! ¡Qué coincidencia, que la energía de un nombre dado al azar encaja exactamente en el individuo.! Esa es la belleza de la numerología.

¿Y quién eres tú, ahora, que puedes mirar esto y encontrarle algún sentido?

Luego cerraré con esto: todo lo que está sucediendo ahora mismo numerológicamente, se ha hecho realidad y está describiendo un panorama de nuevos comienzos. En este momento están en un rompecabezas y no ven cómo salir de él. Les daré algún consejo. En unos pocos días estarán en una energía del 1 que les grita: ¡nuevos comienzos! Incluso si están fuera de lo que pueda ser alegre, si no pueden encontrar el factor de alegría dentro de sí, quiero que construyan un altar de alegría; físico o mental, y quiero que vayan a ese altar y agradezcan al Espíritu por lo que va a suceder y lo que está sucediendo en su corazón, en su mente, y en su vida. Y si lo hacen, estarán enviando una señal mágica que coopera con el planeta, con El Campo, con la numerología del año, y todas esas cosas verán su intención y las cosas empezarán a cambiar. Esa es la belleza de una Física que sabe quiénes son. Es la belleza de un Creador que ha creado la Física y los conoce. Verán: están relacionados; ustedes entienden eso, ¿verdad? Cada cosa está relacionada con todo lo demás.

Cuando empiecen a hacer esto, estén atentos a las sincronicidades. Si se revuelcan en lo viejo, queridos, nada va a ser diferente. ¿Oyeron eso? Si se revuelcan en lo viejo no pasará nada diferente. Y seguirán por el mismo camino, con los mismos problemas, yendo en la misma dirección.

El altar es el altar de la alegría. Es el niño interior, que se despierta feliz e inocente de todas las cosas que lo rodean y lo podrían dañar. Pero en el caso de ustedes no es inocencia: es sabiduría que puede circunvalar y evitar esas cosas, que puede realmente cambiar su propia química; que puede construir cosas buenas para ustedes: una vida más larga y el fin de los miedos. Vida más larga y el fin de los miedos; ¿puedes creer que eso sea para ti, oyente? ¿Puedes creer en eso para ti?

Quiero que construyas ese altar: hazlo el 1º de enero. Si no quieres hacerlo físico porque tienes algo negativo contigo, no importa: hazlo mental. Coloca las velas donde quieras, enciéndelas como te guste, haz que cada una sea algo especial que estás logrando. Pero principalmente que sea la alegría de la acción compasiva en este planeta: ver a Dios trabajando; estás viéndote a ti mismo trabajar. ¡Y las cosas cambiarán! Debido a la numerología, y a las energías que empiezan a ocurrir que se asemejan a la numerología, y El Campo, y todo eso ahora se empieza a juntar en un gran 6. ¿Recuerdas qué era el 6? Dime qué era el 6. El gran 6 está en camino; eso es: tú y la armonía con el planeta.

Vas a ver algunos números nuevos en el reloj, y significarán algo para ti, pero ya no serán globales; serán solo para ti. Empezarás a ver números una y otra vez que son solo para ti, y otra persona verá números diferentes. La numerología empieza a volverse más avanzada, más intuitiva. Te contará historias y te pintará imágenes, porque es la energía del planeta. Esto es quién tú eres.

No tomen este mensaje a la ligera. Oh, queridos, se están moviendo hacia un nuevo comienzo, después de muchos nueves, y están completando lo viejo. Tal vez véanlo como cayendo en un tacho de basura, en un contenedor de residuos; no tienen más nada que ver con eso. Véanlo como algo novísimo; la tela está en blanco; van a construir su altar y celebrar la alegría que llega. ¿Puedo ser más claro?

Como es habitual, estos mensajes en particular causan risas a quienes no tienen entendimiento. Ellos se burlan. Los que hagan eso no son juzgados de nuestra parte, porque Dios también está en ellos. 

Hay distintos niveles de despertar; ustedes han estado tanto tiempo aquí, almas antiguas, que saben cómo funcionan las cosas. A ustedes les hablamos. Y los que no ven nada de esto, a ellos les llegará su turno. Y tal vez son nuevos en el planeta, y no creen nada de estas cosas. Simplemente no están listos.

Cuando ustedes estaban en la escuela, de niños, y llegaban al último grado, los que recién entraban no sabían nada, en tanto ustedes sabían tanto; esto no difiere de aquello. No se juzga a quienes se alejan y se ríen y los ofenden, porque la intuición y la sabiduría de ustedes les dice que esto es real. Todo esto es real.

Y luego algunos dicen: "Yo quiero ser parte de esto." (se ríe). Y cuando dicen eso, lo reconocen y participan. Bienvenidos a un nuevo planeta Tierra, donde estas energías pueden contribuir a la armonía de su vida.

Eso es todo por ahora.
Y así es.

Kryon


Extraído   https://arcturusmihogar.blogspot.com.es/2016/12/kryon-numerologia.html

Desgrabación y traducción: M. Cristina Cáffaro